Documento Congreso ideológico de Amplitud

6 marzo, 2017 Actividades

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Documento Congreso ideológico de Amplitud

El  abogado  Claudio  Oliva  junto  al  analista  político  Patricio Gajardo  presentaron  un  documento  para  reforzar  y  debatir  en  torno  a  los principios fundamentales del partido de oposición e ideas liberales; tales como: Democracia  representativa  y  transparente  en  un  Estado  Descentralizado; libertad económica y de emprendimiento; mayores niveles de equidad y defensa de las libertades individuales.

Dicho  documento  no  es  vinculante  y  será  la  guía  para trabajar en nuestras propuestas  a  través  de  los  comités  temáticos,  las  que  serán presentadas a fines de marzo en el encuentro programático de “Sentido Futuro”.

 

 I

En Chile, como buena parte del mundo libre, la política muestra señales de crisis que debemos ser capaces de enfrentar: el desencanto sobre la política, la incertidumbre sobre el futuro, y la percepción que el mundo se mueve tan rápido que es difícil adaptarse a los cambios que se suceden con gran intensidad y que parece que no somos capaces de controlar.

En nuestro país, hemos sumado en los últimos años a este fenómeno global una serie de casos de falta de transparencia y desapego a la legalidad que involucran a autoridades políticas. Es cierto también que nuestro sistema político ha ofrecido hasta ahora una reducida posibilidad de competencia, que restringe las opciones entre las que los ciudadanos pueden escoger. Nuestra Constitución otorga, en muchos casos, un injustificado poder de veto a las minorías en el Congreso. Y legítimas demandas ciudadanas que buscan acceder a mayor progreso y justicia, siguen estando insatisfechas.

Todo eso ha llevado a que muchos vean a los políticos como un grupo de privilegiados desconectados de los ciudadanos a los que deberían representar, lo que ha hecho descender la confianza hacia ellos y hacia las propias instituciones políticas a niveles históricamente bajos. Y lo que es peor, el consenso que se había alcanzado en el proceso de transición, que se definía por dos pilares fundamentales: la democracia representativa y la economía social de mercado, comenzó a ser cuestionado.

Un escenario como éste es altamente riesgoso, pues, como muestra la experiencia desde Venezuela hasta Estados Unidos, es el contexto propicio para la aparición del populismo y la demagogia, es decir, de líderes que buscan alcanzar el poder ofreciendo seductoras soluciones rápidas y fáciles a problemas complejos, pero que saben o deberían saber que resultarán perjudiciales. Algo de eso hemos vivido durante los últimos tres años y en este 2017 podemos enfrentar aún mayores riesgos de este tipo. Hay que hacerles frente con toda claridad y decisión, pues los caudillos populistas, como acredita la evidencia histórica de modo abrumador, son los que verdaderamente destruyen la democracia y arruinan a los países.

Frente a lo anterior, Amplitud manifiesta su compromiso con una política a la vez transparente y seria, basada en la adhesión consistente a nuestros principios liberales con vocación social y a políticas públicas cuya viabilidad y sensatez se encuentren respaldadas por la evidencia disponible. La política tiene siempre una dimensión estratégica, pues se relaciona con la búsqueda del poder. Pero ella debe estar subordinada a su dimensión ética, que exige promover únicamente aquello que creemos fundadamente más justo y conveniente para todos. Y ello sólo se consigue permaneciendo fieles a nuestro ideario a la vez que atentos a las nuevas soluciones que exige la evolución incesante de la realidad social.

Esta crisis es, como siempre, un desafío, una oportunidad, en la medida que seamos creativos y sustentemos los cambios que son necesarios de acuerdo a nuestros principios.

II

Como quedó estampado en nuestra Declaración de Principios, nuestro ideario liberal descansa en cuatro principios fundamentales: confianza en las personas, libertad, responsabilidad personal e igualdad de oportunidades.

Creemos que las propias personas son quienes están en mejor posición para decidir qué hacer con sus vidas. Pensamos, en consecuencia, que lo deseable es que cuenten con el más amplio conjunto de libertades compatible con idénticas libertades de los demás. Eso supone que, sin perjuicio de la necesaria solidaridad de los otros, se hagan fundamentalmente cargo de su destino y respondan generalmente de los perjuicios que causen a los demás.

Por último, la libertad sólo puede desarrollarse en forma plena si existe una razonable distribución de oportunidades, de modo de conseguir una efectiva movilidad social basada en el premio al esfuerzo y los méritos de cada cual. Por lo mismo, las políticas públicas deben propender a eliminar privilegios y reducir las brechas de oportunidades, especialmente en las etapas tempranas de la vida.

Consideramos que sólo una sociedad basada en tales principios puede tratar a sus miembros como seres humanos poseedores de dignidad y acercarse al ideal de la justicia. A la vez, una sociedad tal tenderá a la diversidad y, por tanto, a la innovación y la creatividad, lo que hará más probable que alcance la prosperidad y que sus integrantes sean más felices.

Por lo tanto, con base en tales principios, buscamos construir un orden político, económico y social que permita a cada una de las personas realizar sus sueños de sociedad, de participación política, de desarrollo y de libertad cultural, para que se exprese la fortaleza creativa de los individuos que la componen y ésta afiance y consolide un progreso compartido.

III

Ese ideario permanente, centrado en la libertad tanto política como económica y cultural, se concreta en cuatro grandes ejes programáticos.

1.- Una democracia representativa y transparente en un Estado descentralizado.

La libertad sólo es posible a través de un constante perfeccionamiento de nuestra democracia, de las reglas de la misma, de modo que a través de ella se canalice la diversidad de conflictos que expresan las sociedades actuales, de manera de lograr acuerdos que nos permitan construir un proyecto de sociedad compartido enriquecido por la diversidad de todos sus miembros.

La sola separación de los poderes ya no resulta suficiente. Hoy día este equilibrio se complementa con un cuarto poder, el de los medios de comunicación, que son vitales para la interrelación política, que compite con los partidos, y obliga a adaptarse a un nuevo escenario a los liderazgos tradicionales.

Las redes sociales impulsan la emergencia de movimientos sociales más activos y perdurables, que deben ser canalizados por los partidos y los liderazgos. Frente a estos procesos muchas veces los líderes políticos asumen una posición cómoda, señalando que “debemos escuchar a la gente”. Ello es correcto, pero insuficiente, porque los movimientos sociales son indicadores de demandas, pero son los partidos los que deben ser capaces de canalizar y estructurar respuestas a las demandas. Y los líderes los llamados a proponer y dar respuestas efectivas que se traduzcan en soluciones a las demandas. Estos liderazgos deben ser validados en procesos electorales limpios, competitivos, transparentes y plurales, algo que muchas veces se subestima, considerando que la democracia no es sólo votar, pero lo cierto es que tampoco es menos que eso.

En Amplitud reconocemos la importancia de la democracia representativa como el único marco institucional que permite construir una sociedad en libertad. En ella, la calle no reemplaza al sufragio, y la libertad de movilizarse es un complemento indispensable de una sana convivencia, basada en el respeto de todos los sectores políticos y sociales.  En ella los partidos son el medio a través del cual las diferencias se procesan y el Congreso expresa la diversidad democrática de una sociedad compleja.

Para incrementar la vitalidad de nuestra democracia, debemos perseverar en las reformas necesarias para contar con una política más transparente y competitiva, regida por una Constitución que facilite en vez de obstruir la expresión de las mayorías en la legislación, al tiempo que garantiza aún frente a ellas nuestras libertades civiles y políticas. Por otra parte, ha de favorecerse un debate público riguroso, en que el ejercicio de la soberanía popular se enriquezca con los insumos de la ciencia y la técnica y la sociedad genere anticuerpos que la inmunicen contra el populismo y la demagogia. Por último, es necesario terminar con el ancestral centralismo de nuestro país, de modo de acercar la democracia a las comunidades locales y convertir a los gobiernos regionales y municipales en auténticos laboratorios para la generación de políticas públicas innovadoras.

2.- Una economía que crece para todos, producto de la libertad para emprender y regulaciones estatales sensatas que promuevan la competencia, eviten los abusos hacia los consumidores y protejan el medio ambiente.

En el plano económico creemos en una economía institucionalizada, con reglas claras que no dependan de la discrecionalidad del gobierno de turno, que apueste por el crecimiento, con un Estado eficiente que consolide en un marco integrador a todas las personas y miembros de la sociedad, incluyéndolos en los beneficios del crecimiento.

Los liberales creemos que el factor clave para el crecimiento económico es un ambiente institucional que favorezca la libertad para trabajar y emprender y garantice la propiedad privada y el cumplimiento de los contratos. Ello supone, entre otras cosas, la existencia de una carga tributaria progresiva pero moderada, que evite la multiplicación de tratamientos excepcionales y minimice los desincentivos sobre el trabajo, el ahorro y la inversión. Implica, asimismo, la ausencia de regulaciones excesivas, que asfixian el emprendimiento y tienden a establecer privilegios y a favorecer el statu quo. Requiere, en fin, de un Estado eficiente, que use bien el dinero que obtiene de los ciudadanos y mantenga sus gastos dentro de límites razonables.

Al mismo tiempo, es imprescindible contar con regulaciones estatales sensatas y simples, que aseguren la libre competencia, impidan abusos hacia los consumidores, reduzcan riesgos sistémicos para la economía y obliguen a asumir los costos de externalidades negativas como la contaminación ambiental a quienes las causen.

3.- Mayores niveles de equidad mediante acceso a mejor educación, capacitación, salud y pensiones.

Buena parte de los empeños del Estado deben concentrarse en mantener una red de protección social que vaya en ayuda de los más necesitados, sin desincentivar su propio esfuerzo, y en mejorar la distribución de las oportunidades con que cuentan las personas. Sólo así se garantiza que todos podamos contar con una efectiva libertad para escoger el rumbo de nuestras vidas.

A la vez, para respetar la diversidad de creencias, ampliar la libertad de elección de los usuarios, favorecer la competencia o mejorar la eficiencia, según los casos, es fundamental la existencia de la iniciativa privada, incluida la de las empresas, en la prestación de servicios públicos.

Por otra parte, es muy importante priorizar apropiadamente el gasto público en estas materias y buscar el modo de conseguir su mejor rendimiento en pos del auxilio a los más necesitados y la igualación de las oportunidades. Así, en materia de educación hay que hacer los mayores esfuerzos por poner a disposición de todos educación preescolar y escolar gratuita y de calidad. En cambio, tratándose de educación superior, el mejor y más justo medio de financiamiento es un buen sistema de créditos, que sean reembolsados en función de los ingresos que efectivamente tengan esos estudiantes en el futuro, cuando sean profesionales.

El actual Gobierno, en cambio, ha invertido las prioridades y, con propósitos electorales, se ha concentrado en aumentar las rentas futuras de los que en su mayor parte serán profesionales adinerados, mientras descuida las expectativas de nuestros niños y adolescentes en peor situación.

De modo semejante, sin duda hay que tomar medidas de diversa índole para mejorar el monto de las pensiones de nuestros jubilados. Pero, a la vez, hay que dejar muy en claro que todos esos esfuerzos serán siempre más fructíferos en el contexto de un sistema de capitalización individual, unido a un robusto pilar solidario, que con un sistema de reparto, que probadamente ofrece un peor rendimiento del dinero que se gasta en la materia y es el gran y creciente dolor de cabeza de los países que lo tienen.

4.- Libertad para escoger la propia forma de vida en un contexto de ausencia de discriminaciones arbitrarias.

En el plano cultural creemos en la libertad que tiene cada ser humano de buscar la felicidad, de acuerdo a sus anhelos y su visión del mundo. Valoramos claramente la diversidad, que vuelve a las sociedades más dinámicas y creativas. Y rechazamos, en consecuencia, toda discriminación arbitraria en función del sexo, la orientación sexual, la identidad de género, la etnia, la nacionalidad, el origen social o cualquier otra característica personal, así como toda forma de incitación al odio y a la violencia.

En consonancia con ello, creemos que las parejas del mismo sexo han de tener derecho a contraer matrimonio y a adoptar hijos, que las personas han de poder reconocer su identidad de género, que las mujeres deben poder decidir sobre la continuidad de un embarazo en ciertas circunstancias, que los enfermos que sufren han de poder requerir ayuda para morir y que la política de criminalización de las drogas ha causado mucho más mal que bien, por lo que es razonable ensayar nuevas alternativas, partiendo por drogas blandas como la marihuana.

Por otra parte, creemos que hay que realzar el papel de nuestros pueblos indígenas en la sociedad, aunque evitando crear identidades colectivas cerradas que primen sobre la libertad individual. Y favorecemos una actitud acogedora hacia los inmigrantes, cuya presencia nos enriquece en lo cultural e incluso en lo económico.

Estos principios y estas políticas son, a nuestro juicio, los que pueden conducir a satisfacer en mayor medida los que creemos son los grandes anhelos de los chilenos: vivir con mayor libertad, prosperidad y justicia.