¿Dos vías hacia el centro político?, columna en El Mercurio de Valparaíso de Claudio Oliva, presidente Tribunal Supremo de Amplitud

30 julio, 2017 Actividades, Destacados

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La aparición de nuevas corrientes políticas y el resurgimiento de antiguas nos ha hecho recordar lo tosca que es la clasificación binaria entre derecha e izquierda. Siempre ha sido extraño que se considere de extrema derecha al partido cuyo nombre completo es Nacional Socialista Obrero Alemán o al que fundó el dirigente socialista Benito Mussolini.

Pero esos hechos nos recuerdan también la inconsistencia ideológica de los partidos que han representado a esos bandos. En torno a 1980 los partidos de derecha se decantaron por una clara adhesión al liberalismo económico, que combinaron con el conservadurismo en los asuntos llamados “valóricos”. Al frente había una izquierda que apuntaba en la dirección opuesta en ambas materias. Era la derecha de Reagan y la izquierda de Mitterand. Ambas favorecían la libertad en algunos ámbitos y la negaban en otros.

Los intentos de superación de esa inconsistencia comenzaron desde partidos de izquierda, que, ante la abrumadora evidencia de la superioridad del libre mercado sobre el socialismo, experimentaron una nítida liberalización en materias económicas. Era la centro-izquierda de Clinton, Blair y Schröder. Más tarde hubo esfuerzos por volverse coherentemente liberales en partidos de derecha, como el Partido Conservador británico, que, liderado por David Cameron, legalizó el matrimonio entre personas del mismo sexo al tiempo que dinamizó la economía. Poderosas fuerzas centrípetas parecían converger hacia una suerte de centro liberal.

El escenario político posterior a la Gran Recesión no sólo ha visto renacer una izquierda nítidamente socialista. También ha dado lugar a una derecha que busca librarse de la inconsistencia por la vía contraria a la de Cameron: uniendo conservadurismo cultural y nacionalismo con algunas políticas económicas y sociales de izquierda, situándose así en una suerte de centro ilibileral. Es lo que ha hecho Trump con su hostilidad hacia el libre comercio internacional y Theresa May con la resurrección de la política industrial en el Reino Unido. Por fortuna, también estamos presenciando interesantes ensayos liberales, como los que lideran Justin Trudeau en Canadá y Emmanuel Macron en Francia.

Los dos caminos por los que la derecha puede moverse hacia el centro quedaron bien plasmados en la reciente primaria de Chile Vamos. Las posiciones opuestas de Ossandón y Kast en materia de matrimonio homosexual, inmigración y gratuidad de la educación superior encarnan la vía iliberal y la liberal. Por fuera de esa coalición la deriva liberal ha sido impulsada fuertemente por Amplitud, liderada por Lily Pérez, que votó en solitario contra la recesiva reforma tributaria del gobierno, y dio un apoyo decisivo en el Congreso a la sustitución del sistema electoral binomimal y a la despenalización del aborto en las conocidas tres causales. A ello se suma la coalición que dicho partido ha formado con Ciudadanos de Andrés Velasco, que converge al centro liberal desde la izquierda.

La competencia entre los intentos liberales e iliberales por escapar a la inconsistencia de la dicotomía tradicional de derecha e izquierda será probablemente una de las disputas políticas más relevantes de los próximos años.